Lejos quedó la legislación vinculada a la Constitución de 1853 y la Ley de Avellaneda. A fines de la década de los 90, la clase política argentina debió enfrentar nuevas tensiones sociales internas. La salida fue implementar una política migratoria con marcados procedimientos represivos con el objeto de controlar y limitar el número de ilegales en el país. Lejos de cumplir con el objetivo, el implementarlas sin un contexto de normativas de contención para los inmigrantes ya establecidos en el país, funcionó como un discurso fomentador de la discriminación, que no hizo más que acentuar la opinión pública y su fuerte resentimiento social.
Según un informe del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), en los últimos años se ha desarrollado en la Argentina un discurso fuertemente “antimigratorio”. Este tipo de mensajes son recibidos y generalmente aceptados por la opinión pública, aunque recientes investigaciones sobre el mercado laboral y los inmigrantes reflejan la ínfima influencia de los trabajadores migrantes en las tasas de desocupación.
Asimismo, el 37% de los argentinos piensa que esta inmigración influye mucho en el problema del desempleo, el 32% cree que influye algo y el 24 que no influye nada. Coincidentemente, la opinión de que la inmigración proveniente de los países limítrofes influye en el desempleo alcanza porcentajes más altos en los segmentos más populares.
Por otra parte, las provincias con mayor índice de desocupación son aquellas que tienen escasa cantidad de inmigrantes, como Corrientes, Chaco y La Pampa. Asimismo, en provincias como Salta, limítrofe con Bolivia, se observa que la participación de los inmigrantes en el mercado de trabajo es solo del 3,4% de la población laboral activa.
Una encuesta realizada en 2005 por el Instituto Nacional de Lucha contra la Discriminación y la Xenofobia (INADI) señala que el 85% de los entrevistados piensa que los inmigrantes causan desempleo, y solo el 12,5 piensan que no.
Mientras un censo y/o estadística con datos duros reflejados en números muestra una realidad, una encuesta de opinión pública indica que la gente percibe a estos inmigrantes como diferentes y rechaza su ingreso.